Decisiones y efectos colaterales.

asamblea

En estos tiempos de crisis y recortes presupuestarios, cuando la banca salta y nos damos cuenta de que somos la gente normal y corriente la que paga los platos rotos de una partida a la que nadie nos invitó, aparecen los efectos en su dimensión más absoluta. Y no se esconden; programas de televisión dedican programas a mostrar los cambios de condiciones de vida, las historias de personas que se acercan al abismo de la desesperanza. Sin pudor, sin sonrojo, como una advertencia de que puedes ser el siguiente, con la intención de que te alegres de lo que tienes…porque podría ser peor.

Mientras, los recortes de presupuesto cercenan proyectos e inciativas, muchas de ellas aquellas que tratan de revertir la situación, aquellas que intentan desvelar la realidad. Entre éstas se encuentran las iniciativas de procesos de participación social, sobre todo las que son protagonizadas por organizaciones sociales, la mayoría pequeñas, con dificultades de subsistencia, siempre modestas, pero con personas que están trabajando día a día con ilusión y dedicando muchas energías en promover experiencias de aprendizaje significativo con gentes diversas.

Cada día me llegan historias personales de quienes no pueden hacer frente no a la hipoteca (que también), no a una letra de un coche (que también), no a la precariedad perpetua de las personas liberadas en la acción social, sino a la desesperanza, a la desilusión, a la falta de apoyos, de comprensión, de interés por parte de quienes toman decisiones sobre el uso de los recursos públicos. Pasan los años y en ocasiones el precio a pagar es demasiado alto. A veces hay quienes toman una decisión y cambian el rumbo, intentando buscar el mínimo de recursos que muchas veces los proyectos no proporcionan a quienes dedican toda su energía a ellos. Daños colaterales.

No sólo se deja sin atender aspectos fundamentales de las personas, sino que se cercena la ilusión y la esperanza de aquellas con mejores condiciones para dinamizar y promover procesos en los territorios. Efectos colaterales. Me produce una profunda indignación el silencio. Respecto a este tema y otros. Pero en el caso de los recortes de programas sociales la invisibilidad es total. Las causas van desde la falta de autonomía de muchas entidades sociales, hasta la visión mercantilista de la acción social; desde la faltade espíritu reivindicativo de algunas asociaciones, hasta la incapacidad de éstas de mantener una entrategia de comunicación.

Hay seguro muchas más. Pero cuando hay silencio hay miedo. Cuando hay miedo alguien lo ejerce. Quien lo ejerce y promueve es responsable del mismo. No vaya a ser que convirtamos nosotras mismas a las víctimas en verdugos. Otros daños colaterales. Mientras, gente amiga busca curro de lo que sea…porque no hay cosa más prescindible que una intervención social…y si es participativa, no digamos. Daños colaterales.

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