Lo que encierran los vagones.

Estos días me ha venido a la memoria aquel vagón de metro en México DF. Íbamos con la familia de visita a Txotximilco, en un día inolvidable, soleado. Entra un chico que nos canta y vende sus canciones, llenas de poesía, provocando un ambiente único, que contrastaba con el silencio y el ritmo de la ciudad. México DF me fascina porque el ritmo de las personas y el de la ciudad no coinciden, es como si hilos externos manejaran las vías del tren, las “combis”, las arterias circulatorias llenas de tráfico, ajenas a la energía de sus habitantes. En aquel vagón recuerdo que se encerraba la poesía.

En Madrid este lunes, volvía de hacer una formación con mi amigo @fervisko, estábamos comentando nuestros proyectos, compartiendo lo que el futuro nos podría deparar. En un momento una mujer se sube al vagón e inicia un monólogo, una historia que a medida que avanzaba nos iba poniendo los pelos de punta. De mediana edad, estatura mas bien baja, vestida con vaqueros, botas con tacón, camisa azul y con el pelo negro largo recogido en una cola de caballo. Es maestra en paro, ha perdido su casa en un deshaucio, aunque agradece el apoyo de la Plataforma de Afectados de las Hipotecas, que intentaron frenarlo, en especial a dos hombres que se interpusieron a la policía que cogía a una de sus hijas de dieciséis años por el pelo, fueron detenidos y hoy están acusado de desobediencia y atentado contra la autoridad, no tiene como mantener a sus hijas y la amenazan con retirarles la custodia. A medida que avanza su exposición nuestras miradas se humedecen, nuestra conversación se para en seco, nos embarga una sensación de tristeza. Ella dice a las claras que la desesperación supera la vergüenza por pedir; un nudo en la boca del estómago. El vagón encerraba desesperanza.

Al día siguiente yendo al centro un tipo joven, con gorra de béisbol, camiseta sin mangas, pantalones anchos, con una larguísima perilla pelirroja, entra en el vagón del metro parapetado con un carro de la compra en donde apoya un amplificador y a este un reproductor de cd, rodeando al amplificador y sujetado por un elástico un micrófono cuyo cable da varias vueltas al carro, todo ello tapado (es una forma de hablar) por una tela de estampados marrones. Se agacha, vuelca el carro, se quita la gorra encima del amplificador, dejando su cabeza totalmente calva a la vista, pulsa un botón de encendido, seguidamente le da al play del reproductor de cd y suena una base rítmica a la que, en cuestión de segundos, amolda su voz rimando versos de hip-hop; palabras como integridad, esperanza, belleza, alegría se deslizan en el ambiente, con una enorme integridad por parte de quien las dice. De pronto, se van cruzando las miradas entre el cantante y quienes allí estábamos, aparecen las sonrisas, las personas se miran unas a otras como buscando aprobación colectiva hacia lo que estábamos asistiendo. El chico nos mira con complicidad y mientras unas personas siguen a lo suyo, otras parecen despertar de sus ensoñaciones, lecturas y músicas de auricular. El vagón encerraba un estado común de conexión.

Pero eso, ahora pienso que ojalá pudiera entrar en un vagón donde la mujer sin esperanza siguiera en su casa, con sus hijas, en su trabajo de maestra, con sus amigos del barrio sin que tuvieran causas pendientes y entrando en común conexión, porque eso si que sería poesía. Mientras tanto, habrá que seguir viviendo, luchando, solidarizándose…

5 Respuestas a “Lo que encierran los vagones.

  1. Pingback: Lo que encierran los vagones. « Redasociativa RAS

  2. El vagón de la vida, mostrando cuadros de pura energía, que siente, que canta, que vive. Es curioso amigo Antonio, que ese vagón pequeñito viaja en otro más grande que se llama Humanidad, que cuando sale de paseo cuenta con otro mayor que se llama Planeta Agua.
    Un abrazo desde el ALMA.
    Armando

  3. Cuanto mayor es la presión con mas fuerza silva el aire que se escapa

  4. cada día menos palabras y mas emociones desde las entrañas, …. sin palabras, rostros y lagrimas,…

  5. Muchas gracias por vuestros comentarios, nos llegan al corazón…

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