Cuestión de Derechos.

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Vivimos momentos donde los Derechos conquistados por la ciudadanía están en entredicho. Las políticas neoliberales desregulan las normativas de protección social o supeditan a las normas de organismos internacionales el desarrollo de las políticas públicas. La política se siente presa del mercado, así como las intervenciones sociales se precarizan y ponen en cuestión el modelo de Estado del Bienestar, que todos parecen defender pero que muy pocos hacen por mantener.

Mientras algunos derechos se están viendo rebajados, otros empiezan a conquistarse. Frente a los pasos hacia atrás en materia laboral, hoy nadie discute la necesidad de que la vivienda sea un derecho para todas las personas. Existe una relación evidente entre el grado de desarrollo y aceptación social de determinado derechos sociales y la percepción que se tiene de la legitimidad, limpieza y fuerza de las organizaciones que los defienden. Frente a los casos de corrupción en sindicatos mayoritarios aparecen las acciones de la Plataforma de Afectados por la Hipoteca (PAH). Frente a la desconfianza del conjunto de la sociedad sobre los mecanismos de ayudas sociales, aparecen los comedores sociales, por no hablar de la fuerte lucha de las diferentes mareas.

En este contexto, más allá de la atención directa a las personas más vulnerables como Derecho básico a que todas podamos vivir con dignidad, se abre el reto del fortalecimiento, la extensión y participación del conjunto de la ciudadanía en organizaciones, plataformas o entidades que garanticen y luchen por la consecución o defensa de los Derechos básicos para una vida digna.

Por eso me pregunto hasta cuándo dentro de las administraciones públicas y las entidades del tercer sector, dejarán de considerar los procesos de aprendizaje colectivo como algo accesorio a los programas de ayuda, desarrollo o promoción social. Me pregunto hasta cuándo desaprovechar las capacidades de quienes día a día están (estáis) demostrando de manera eficaz que se pueden abordar problemáticas sociales desde el empoderamiento personal y colectivo, y que esas propuestas transcienden a quienes viven una situación de exclusión, que se deberían generalizar al conjunto de la ciudadanía. Por eso me pregunto porqué no dejamos de hablar de Educación para la Ciudadanía y centramos nuestros esfuerzos en la Educación para la Participación, porqué no dar importancia también a los “cómos” -métodos- y no solos a los “qués” -contenidos-.

Tener Derechos significa saber que los tienes. Tener Derechos y por tanto participar en la vida pública es una condición básica para tener el estatus de ciudadanía. Ahí entiendo que está uno de los principales retos a los que nos enfrentamos; considerar el enfoque de derechos como un proceso de aprendizaje. Ojalá sea pronto. Mientras tanto, toca trabajar en lo pequeño, en lo cotidiano, seguir en la brecha para que cada día, en cada proyecto, programa o intervención, existan personas que incorporen aprendizajes para su autonomía personal y colectiva. En ello nos encontraremos.

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