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El hilo de Lucía.

Dedico una gran parte de mi tiempo al impulso de una red de apoyo mutuo. Las situaciones que estamos viviendo son de una enorme intensidad. Muchas de ellas, la mayoría, combinan la generosidad, solidaridad, apoyo y compromiso. Otras hablan de la parte oscura de la condición humana. Pero incluso cuando estás sumido de negatividad, aparecen las señales para seguir adelante.

El viernes pasado, día 17 de abril, justo cuando cumplíamos un mes de funcionamiento, el equipo de coordinación de la Redama, estábamos buscando alternativas a la falta de hilo del grupo que confecciona mascarillas. Desde que se inició el estado de alarma, han confeccionado más de 2.700. De súbito, nuestro compañero Jose Antonio saca un puñado de carretes de hilo de diferentes colores y bromeamos sobre la magia que posee, al aportar soluciones a todo lo que se necesita.

Al día siguiente nos cuenta la historia. Esos hilos pertenecían a Lucía, abuela de su compañera, que sacó a su familia adelante en las épocas duras de verdad, con un marido que no volvió de la guerra. Trabajó de forma incansable y teniendo muy poco siempre ayudó a todo el mundo.

El testimonio corrió como la pólvora en los grupos de WhatsApp, con una corriente de emoción que nos conmovió. El recuerdo de quienes nos han enseñado que el apoyo mutuo y la bondad albergan propiedades revolucionarias, que las personas cuando se entregan de verdad podemos hacer cosas maravillosas y que solo si todo el mundo se salva, estaremos cerca de la salvación. El recuerdo de nuestros mayores se hace muy vivo.

Así que el hilo de Lucía, doce años después, sirve para seguir tejiendo solidaridad. El hilo de Lucía quedará impregnado en las mascarillas que las manos de muchas confeccionan para el cuidado de todas. Alarguemos el hilo de Lucía.

Las Titas.

Mi tía Mari es una mujer emprendedora desde mucho antes de que existiera ese término. Después de estudiar en un colegio de huérfanas de ferroviarios, montó en Sevilla una tienda de papeles pintados, una fábrica de escayolas, todo ello en la España de finales de los 70 y principios de los 80. Después bares, restaurantes, un centro de formación… y eso es solo lo que yo recuerdo. Siempre cuidó de mi abuela, de mi familia, de nosotros. Es una cuidadora nata y en la cocina vuelca la energía que tiene y que le gustaría estar derrochando montando el siguiente proyecto. Mantiene el matriarcado familiar, conoce lo que ocurre en Jaén, Barcelona y Sevilla, donde vivimos los primos. También en Granada y Madrid, donde residen sus primos hermanos. Cuando termina de cebarte te pregunta ¿Te hago un filetito? Es la tita Mari.

Carmen viene de estirpe de músicos. Su padre, el Maestro, llevó la orquesta Los Noble por muchas localidades extremeñas y andaluzas. Junto a sus hermanos creció y vivió en la escuela de la música y el espectáculo. A finales de los 70 y 80, Carmen junto a su órgano era famosa en los locales nocturnos cantando canción latinoamericana, desde los Panchos hasta María Dolores Pradera. Su larga melena rubia, el chaleco de pico rojo sin mangas sobre una camisa blanca y unos enormes ojos azules, son los recuerdos que tengo de ella. Se ha jubilado hace unos años como profesora del conservatorio, pero acompañó, arregló y grabó canciones junto a tonadilleras. El maestro Solano la tenía en alta estima. Es un fenómeno de la naturaleza y un corazón que no le cabe en el pecho. La Carmela.

Llevan juntas más de cuarenta años, han peleado contra todo lo peleable y siguen haciendo de pegamento familiar. Quien me conoce, sabe de sobra que en los puentes de la Inmaculada no se puede contar conmigo. Estamos primos y primas en la casa del pueblo con las titas. Juntas mantienen su propio mundo de amistades, relaciones y planes llenos de vitalidad. Mantienen estrechos vínculos con vecindad que les hacen sentirse en familia. Tienen una extraña habilidad para convertir la generosidad en flujo de afectos.

Ahora, como todo el mundo, están confinadas. A las 12:00, todos los días Carmen toca una pieza musical para sus vecinos y vecinas, la tita Mari graba en el teléfono y nos lo envían por WhatsApp. Todos los días nos hacen ese regalo que nos alegra, pero que hace que las echemos mucho de menos. Las Titas.

Igual éramos felices.

Desde el curso pasado soy alumno de la Facultad de Comunicación de la Universidad de Sevilla. Mucha gente se sorprende porque a estas alturas ande estudiando. Para mí es una necesidad. Después de más 25 años en la Animación Sociocultural y la Educación para la Participación, sentía que necesitaba incorporar contenidos, teorías y abordajes de la realidad que me estimularan. Cuando más experiencia acumulas, más conciencia tienes de lo poco que sabes. Y la comunicación es el fenómeno contemporáneo más influyente en la forma de percibir la realidad.

La verdad es que, no siendo nada fácil hacer compatible trabajo, clases, estudio y vida personal, la experiencia está siendo muy satisfactoria. También es cierto que mis expectativas no son las mismas que las de la gente joven que comparte conmigo aula. No espero que en cada clase, cada asignatura y cada profesor o profesora me aporten las claves prácticas para el ejercicio del periodismo. En primer lugar porque no espero trabajar de periodista y en segundo, porque la Universidad facilita los recursos teóricos para que, de forma particular, puedas conectar un conjunto de elementos que te ayuden en el ejercicio de una disciplina.

Hoy se anunció que no volveremos a las clases presenciales. Así que este curso terminará sin que vuelva a aparecer por la Cartuja. Los chats están que arden. El descontento es generalizado. Creo que en algunos casos hay motivos, aunque son fruto lógico de que la mayoría de estudiantes solo tienen esa actividad. Ninguna institución estaba preparada para lo que estamos viviendo, tampoco en la Universidad. Dar clases de forma telemática a modo de busto parlante no suple la clase presencial. Tampoco es muy estimulante recibir fotocopias de manuales que debes leer y ya está. Está todo demasiado deshilvanado y el profesorado se enfrenta a un reto muy complejo: impartir una materia online de la noche al día.

La verdad que no tengo la solución, pero una cosa es evidente; asistimos a un momento de la historia absolutamente único. Desde el punto de vista informativo el papel de los medios de comunicación está siendo clave, tanto en la proliferación de propaganda o como medio para la información básica; para el chiste o el análisis, para la contienda política o la proliferación del miedo a la muerte, para los datos fríos o el llanto de quien pierde a un ser querido. Y me pregunto: ¿no podemos enfocar nuestros contenidos y aprendizajes hacia lo que está ocurriendo? ¿no podemos construir piezas informativas, análisis de los enfoques que abordan los medios, análisis de discursos desde diferentes miradas, reflexión sobre audiencias, composición y características de los platós e infografías, etc? No tengo la solución, pero tengo la sensación de que estamos desaprovechando la oportunidad de que mucha gente joven mire más allá de la manta de su sofá.

Y es que el otro día, en una videoconferencia de Skype con mi grupo de Producción Periodística, comenté en broma que estaba echando de menos subir las escaleras para una clase de fotoperiodismo. Quién nos iba a decir que pudiéramos echar de menos tantas cosas. Y una compañera comenta como finalización de la conversación: igual éramos felices y no lo sabíamos. En eso consiste el aprendizaje. Estar abierto a que la persona que tienes al lado pueda, mediante el diálogo y la comunicación, aportarte cosas. Estoy convencido que el día que me matriculé no me había equivocado.

Audio desconocido, borrado.

Si alguien me manda un audio, la mayoría de las ocasiones es una persona conocida, reconocida y a veces, también amada. Los audios tienen la característica de la veracidad, no por casualidad una grabación se puede considerar una prueba irrefutable.

Pues resulta que cada vez se cuelan más bulos por los mensajes de audio. El de la supuesta usurpación de mascarillas a Andalucía ha sido uno de ellos. Me parece un material extremadamente frágil, es como si la incredulidad la tuviéramos que mantener incluso en los caso más evidentes. Si alguien te cuenta algo, lo lógico es dar verosimilitud. Ni esas.

No estamos en la época de la postverdad, sino de la mentira despiadada y manipuladora al servicio de intereses de grupos ideológicos, partidistas y económicos, que no contentos con inundarnos de memes, se unen las voces simples y claras al servicio de la tergiversación.

Han conseguido que solo creamos aquello que conecta con nuestra forma de ver el mundo, que los mensajes se hayan convertido en consignas machaconas, en titulares sin contenidos. El medio son los grupos de WhatsApp, que se han convertido en plataformas de distribución de una viralidad que no requiere de grandes inversiones y que está blanqueando el mensaje ultraderechista. Atención a estos movimientos en los momentos que estamos viviendo.

Cuando me llega un audio y la voz no es conocida, borro.

Operación Amancio.

Creo que las redes sociales no son la sociedad. Lo que ahí aparece no siempre tiene que responder a lo que ocurre realmente; confundir una herramienta con la realidad, puede que sea uno de los mayores errores que podamos cometer en este momento.

No voy a negar su importancia (clave) ni su potencial (enorme), para generar procesos de comunicación potentes al servicio de causas diversas. Pero asisto atónito al fenómeno de Amancio Ortega en redes sociales y grupos de WhatsApp (esto último merecerá una reflexión específica).

El anuncio de Inditex de poner al servicio de la salud general sus bases logísticas o fabricar mascarillas, se ha convertido en “Trending Topic”, de lo que se hacen eco algunos medios. Resulta curioso que una noticia que no tiene relevancia en la cobertura de noticias e información sobre el coronavirus (ver pantallazos), se convierta en pocas horas en tema de discusión general, justamente antes de la comparecencia de Felipe VI.

No deja de sorprenderme que un ofrecimiento, que desde luego tiene valor, se convierta en heroicidad; me pregunto qué hubiera pasado si el gobierno se hubiera adelantado y hubiera confiscado esos recursos necesarios para ponerlos al servicio del bien común. Pero es que además, se utiliza la figura de Amancio Ortega para contraponerla frente a una supuesta izquierda y Estado inoperante.

Operación Amancio. Ya nos olvidamos de los aplausos a las 20:00, de la clase obrera dándolo todo, de los menús de Madrid, de la monarquía corrupta, de los esfuerzos colectivos, del codo con codo, de los vídeos de gente que se ayuda, de las redes de cuidados, de quienes están sufriendo. Menos mal que España tiene a Amancio.

Imágenes y propaganda.

En estas horas están circulando todo tipo de imágenes relacionadas con el confinamiento, el estado de alerta y el plan de choque para parar el COVID-19. Dependiendo del medio, de la red social o de quienes tengas en los grupos de WhatsApp, pueden oscilar entre vecindad con guasa, calles desiertas y homenaje al personal sanitario.

Pocas veremos de las personas sin hogar, de los despidos, de la soledad, de quienes están ya sufriendo de manera desigual las consecuencias. Porque el virus es transversal, pero sus efectos no. Yo me quedo con esta de elPeriódico. Quienes no pueden hacer efectivo el confinamiento.

Foro de elPeriódico. Luis Benavides. Barcelona – Lunes, 16/03/2020 – 17:14

Me da la sensación de que en los próximos días viviremos una oleada de imágenes. Algunas de ellas serán mera propaganda, como me recordaba hoy una amigo que trabaja con personas sin hogar. Dicen que se hacen cosas que en la práctica no se están materializando. Pero queda mucho: militares, fuerzas de seguridad, banderas, himno. Porque por ahora, las retinas están llenas de clase trabajadora dando el callo, gente de barrio montando redes de apoyo y de cuidados. Una marea pidiendo un plan de choque social frente al coronavirus, clase obrera parando fábricas.

Prestaremos atención. Ahora toca arrimar el codo, sumar lo que podamos, no perder el espíritu crítico y frenar la demagogia y el oportunismo.

Retomando. Desde cero y confinadas.

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Después de tres años retomo este blog. Han pasado muchas cosas en todo este tiempo; personas queridas que ya no me acompañan, cambios de rumbo profesional, momentos de entrañables recuerdos y otros muy dolorosos. Lo que viene siendo vivir.

Pero estamos en alerta por el COVID-19. Anoche el Gobierno decretó el Estado de Alerta y desde unos días antes, toda la rutina y vida cotidiana se ha transformado. Retomo este espacio para poder escribir con más tranquilidad, sin estar permanentemente leyendo y respondiendo a diversas informaciones de las redes sociales. Retomo el blog como si fuera desde cero, como ejercicio de reflexión y comunicación.

Acompañaré las entradas con un diario-resumen de cada día. Espero que podamos compartir, desde el respeto y la pluralidad, puntos de vista y experiencias. También lecturas de lo que vaya ocurriendo. ¡Salud!

Aniversario con causas.

carnetprisionMañana sábado 25 de febrero se cumplen 20 años desde mi ingreso en la prisión Sevilla 1, para cumplir la pena impuesta por INSUMISIÓN  de 2 años, 4 meses y 1 día. Mañana hace 20 años, pero los motivos para que en su momento tomara esta decisión, en el marco de una estrategia colectiva de desobediencia civil siguen intactas. Es cierto que no existe servicio militar obligatorio, pero reducir la lucha antimilitarista a la “mili” es un enorme error. El presupuesto en armamento sigue creciendo, los conflictos y guerras siguen asolando países y cercenando vidas, la industria armamentística sigue siendo poderosa y las injusticias siguen acrecentándose fuera y dentro de nuestras fronteras. Vivimos tiempos donde se produce una militarización constante de la vida civil, tanto en el plano laboral como el social y los valores de cooperación, igualdad y conciencia crítica no son precisamente mayoritarios. Siguen existiendo motivos para la insumisión.

En el plano personal, la experiencia en prisión fue realmente dura, pagando con la libertad un planteamiento ético-político, pero donde mi entorno familiar y de amistades tuvieron que redoblarse para sostenerme, para hacer que cada día se fuera superando y que la soledad tuviera sentido una vez que los medios de comunicación y la campaña política quedaban en un segundo plano. Son a ellas a quienes hoy debo dar las gracias, porque ese tránsito no hubiera sido posible sin el apoyo incondicional que recibí de familiares, gente amiga y activistas por la paz; gentes del MOC, Mujeres de Negro,  de la CGT y de tantas organizaciones y colectivos que nos estuvieron arropando en aquellos momentos. Fue un periodo duro pero lleno de aprendizajes, un momento que ha marcado mi vida.

Es la insumisión un movimiento único que no ocupa el lugar que se merece. Parece que nada ocurrió entre las carreras delante de los grises y el 15M, pero protagonizamos uno de los movimientos de desobediencia civil organizada más numerosos de la historia. También queda mucho todavía por sacar a la luz sobre el papel de las mujeres en el movimiento antimilitarista. Ellas jugaron y juegan un papel clave, fundamental, en el desarrollo de la estrategia, en la teorización y la práctica antipatriarcal de la insumisión, aunque el foco estaba siempre fijo sobre nosotros. Los aprendizajes que adquirimos en aquellos momentos gracias a la participación de las mujeres feministas y antimilitaristas fueron enormes.

Por eso hoy, 20 años después, creo que siguen existiendo causas para sentirme insumiso, antimilitarista. Hoy perdura la violencia y la guerra; de género, la represión cotidiana, cercana, los pasos atrás en libertad de expresión; pero también global, acrecentándose los conflictos, la muerte y el dolor. Este aniversario tiene hoy muchas causas. Por otros 20 años más de insumisión.

Echando de menos.

juanilloHoy no me ha comentado la marcha de mi equipo de fútbol. Hoy no me ha escrito para pedirme opinión sobre una idea. Hoy no me ha preguntado sobre tal y cual dinámica. Hoy no he recibido su correo electrónico con las actividades de Navidad. Hoy no hay una reunión de ninguna plataforma. Hoy nadie me ha recordado que hay que distribuir las conclusiones del Encuentro de Educación para la Participación. Hoy no me ha recordado que nuestra fidelidad está con quienes más sufren. Hoy no me han mandado una foto evocadora. Hoy no me han compartido la necesidad de ayudar a los nuestros estén donde estén, fuera o dentro de las instituciones. Hoy no me ha recordado la importancia de la pluralidad y la heterodoxia. Hoy no me han dicho hasta el cansancio que hay que confiar en la gente joven. Hoy no me ha insistido en la conexión entre arte y acción social. Hoy no escuché su risa y su sentirse andaluz.

Hoy, como desde el pasado día 25 de octubre, no está con nosotros y nosotras nuestro amigo Juanillo. Y es que se le echa mucho de menos.

Cuestión de Derechos.

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Vivimos momentos donde los Derechos conquistados por la ciudadanía están en entredicho. Las políticas neoliberales desregulan las normativas de protección social o supeditan a las normas de organismos internacionales el desarrollo de las políticas públicas. La política se siente presa del mercado, así como las intervenciones sociales se precarizan y ponen en cuestión el modelo de Estado del Bienestar, que todos parecen defender pero que muy pocos hacen por mantener.

Mientras algunos derechos se están viendo rebajados, otros empiezan a conquistarse. Frente a los pasos hacia atrás en materia laboral, hoy nadie discute la necesidad de que la vivienda sea un derecho para todas las personas. Existe una relación evidente entre el grado de desarrollo y aceptación social de determinado derechos sociales y la percepción que se tiene de la legitimidad, limpieza y fuerza de las organizaciones que los defienden. Frente a los casos de corrupción en sindicatos mayoritarios aparecen las acciones de la Plataforma de Afectados por la Hipoteca (PAH). Frente a la desconfianza del conjunto de la sociedad sobre los mecanismos de ayudas sociales, aparecen los comedores sociales, por no hablar de la fuerte lucha de las diferentes mareas.

En este contexto, más allá de la atención directa a las personas más vulnerables como Derecho básico a que todas podamos vivir con dignidad, se abre el reto del fortalecimiento, la extensión y participación del conjunto de la ciudadanía en organizaciones, plataformas o entidades que garanticen y luchen por la consecución o defensa de los Derechos básicos para una vida digna.

Por eso me pregunto hasta cuándo dentro de las administraciones públicas y las entidades del tercer sector, dejarán de considerar los procesos de aprendizaje colectivo como algo accesorio a los programas de ayuda, desarrollo o promoción social. Me pregunto hasta cuándo desaprovechar las capacidades de quienes día a día están (estáis) demostrando de manera eficaz que se pueden abordar problemáticas sociales desde el empoderamiento personal y colectivo, y que esas propuestas transcienden a quienes viven una situación de exclusión, que se deberían generalizar al conjunto de la ciudadanía. Por eso me pregunto porqué no dejamos de hablar de Educación para la Ciudadanía y centramos nuestros esfuerzos en la Educación para la Participación, porqué no dar importancia también a los “cómos” -métodos- y no solos a los “qués” -contenidos-.

Tener Derechos significa saber que los tienes. Tener Derechos y por tanto participar en la vida pública es una condición básica para tener el estatus de ciudadanía. Ahí entiendo que está uno de los principales retos a los que nos enfrentamos; considerar el enfoque de derechos como un proceso de aprendizaje. Ojalá sea pronto. Mientras tanto, toca trabajar en lo pequeño, en lo cotidiano, seguir en la brecha para que cada día, en cada proyecto, programa o intervención, existan personas que incorporen aprendizajes para su autonomía personal y colectiva. En ello nos encontraremos.

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