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Mucho que celebrar.

Después de tanto tiempo sin escribir en este espacio, no se me ocurre mejor fecha para reactivarlo que hoy. Se celebran los cuatro años del 15M y creo que hay mucho que celebrar  y recuperar. Hay que celebrar que despertamos, que nos encontramos, que se generó una forma de actuar, de procedimientos, de discurso, de mirada sobre la realidad que ha impactado mucho más allá de lo que se planteaban las personas que ocuparon las plazas y calles, que hicieron marchas, asambleas, grupos de trabajo…Esa energía liberada se ha colado por los lugares mas inverosímiles. Hoy todo los partidos políticos hablan de democratizar, de primarias, de transparencia, de rendir cuentas, del protagonismo ciudadano. Si observamos los planteamientos anteriores al 15M descubriremos muchas sorpresas. Por encima de todo, y bajo mi punto de vista personal, lo mas importante que hoy podemos celebrar son los vínculos personales y afectivos que se han generado fruto del estallido social, las gentes que hoy forman parte de nuestras vidas y que llegaron entre la marea humana y  ya forman parte de nuestro paisanaje personal. Solo por eso mereció la pena.

También toca recuperar la actitud de aprendizaje, de escucha, de sorpresa, de ilusión y de mirada a largo plazo. Resulta que en pleno estallido social hablábamos de que no todo nacía con este movimiento, de igual forma que hoy no se pueden obviar al 15M dentro de los cambios que, tanto en política con la eclosión de Podemos como en los movimientos sociales con la proliferación de múltiples proyectos colectivos alternativos -desde la eclosión de la agroecología, hasta la economía social y solidaria- deben en parte su presente a lo que el 15M produjo. Volver a sentir que estamos en evolución constante, que no existen soluciones simples y definitivas al modelo de sociedad injusto que queremos superar, que la revolución o será inclusiva o no será, que las élites no nos representan, que anhelamos otras formas de organización social que recupere la persona como eje, el respeto al planeta como principio y no los beneficios económicos por encima de cualquier cosa y que esto solo se conseguirá con la participación decidida de todos y todas, no supone algo del pasado. De ahí la actualidad del 15M.

¡¡Arriba las que luchan!! Nos vemos en las calles.

2 años…que parecen 10.

Aunque no para todo el mundo. Resulta que hoy es 15M del 2013 y parece que sucedió hace una década. Es increíble como se vive de forma tan diferente el paso del tiempo. Ya el año pasado muchas personas vinculadas al #15M creían celebrar el segundo aniversario. Hoy muchas de ellas sienten que ha pasado una década. Y es que hay muchos aspectos que han cambiado y donde este movimiento ha sido clave. De ello da buena cuenta Jose Candón (@ozecai) en Barricada de Papel, también muy interesantes las aportaciones estos días de Amador Fdez. Savater en su blog en eldiario.es  y Javier Toret (@toret) en este artículo que reproducimos en Apuntes para la Participasion.

Y es que no recuerdo una intensidad parecida, ni en los momentos del antimilitarismo insumiso (y mira que nos la jugamos). Porque nunca antes nos enfrentamos a un movimiento con la embergadura que hoy existe, porque el estallido social adoptó las nuevas formas que fueron construyéndose desde los movimientos sociales desde hace tiempo y tuvieron en las plazas su prueba definitiva, porque la emoción nos recorrió a la vez que empezamos a ser conscientes de lo mucho que teníamos y tenemos que aprender, porque la plaza nos llamó con el imán de la generosidad de tantas personas, porque los conflictos se fueron enfrentando como sabíamos y sabemos, porque los vínculos se fueron creando desde la nada, porque hoy hay personas en nuestras vidas que entonces eran desconocidas, porque la piel nos dictó las formas de indignación, porque hemos recorrido caminos antes impensables, porque ya no hay vuelta atrás en el comienzo de lo nuevo aunque coexistimos con lo viejo, porque muchas personas militantes que hace 2 años desconfiaron hoy son parte…

…pero no para todas, porque hay quienes piensan que tienen la solución definitiva, quienes solo creen en su verdad, que no han cambiado por dentro viendo lo de fuera, porque juzgan continuamente a quien tienen al lado, porque insisten en protagonismos, porque piensan de forma excluyente, porque las orejas las tienen de adorno y sobre todo, porque buscan que lo colectivo sea una réplica exacta de su forma de entender la realidad. Para esas personas solo han pasado dos años. No se dan cuenta de que la política es para todo el mundo. Todos y todas.

Así que hoy, cuando se cumplen estos dos años, la gratitud infinita a quienes consideran que el 15M es una atmósfera que ya circula por nuestro organismo, a quienes con su trabajo y dedicación, están en las plazas y en las reuniones,  y en los escraches, y en las manifestaciones, y en la red, y en su entorno cotidiano recordándonos que ya nada es como antes. Esas personas que han recorrido una década en 2 años.

Removidas.

Y es que llevo varios meses asistiendo a los efectos de estos tiempos en quienes me rodean. Muchas personas estamos en búsqueda de los tiempos por venir. No son momentos de seguridad, tranquilidad y sosiego, muy al contrario son de incertidumbre, presión y nervios.

Resulta que hay personas en disposición de dar giros importantes en su vida, algunas empujadas por la situación de desempleo, de pérdida de condiciones, por el ataque a nuestros derechos por parte de quienes solo piensan en datos económicos y no les asalta la mas mínima sensibilidad hacia el prójimo: dirigentes de las grandes corporaciones, empresas, banca, partidos políticos…etc. Otras directamente por mera sensación de no estar donde quieren estar.

También está pasando en las organizaciones sociales, en los movimientos, en la acción colectiva. Estamos removidas, las estructuras de las que nos dotamos se vuelven ineficaces para afrontar el presente, las formas de articulación nos muestran demasiadas carencias, las formas de financiación de proyectos nunca serán las de antes, los vínculos entre nosotras y otras están cambiando.

Por eso creo que situarnos en el “No Lugar” es lo que toca y, sin ninguna expectativa y búsqueda apresurada de respuestas ver lo que pasa. Por eso, me conmueve que el pasado 21 de diciembre de 2012 recibiéramos otra lección desde el otro lado del Atlántico. Silencio. Ese es el sonido del mundo que se derrumba mientras otro se abre paso entre nosotras.

PD: Si pinchas en la foto lo puedes escuchar.

 

Echando Cuentas…

100 grupos de jóvenes, en total 2.000 jóvenes de todo el Estado, durante 44 años, repensando su realidad y aprendiendo las habilidades necesarias para el trabajo grupal y comunitario. También, 4.400 grupos al año o 88.000 jóvenes aprendiendo. 550 años haciendo formación virtual para el desarrollo asociativo de 200 personas implicadas en colectivos sociales. 73.333 cuotas mensuales de una persona autónoma a la Seguridad Social. 110.000 resonancias magnéticas, 220.000 mamografías. 550 años de un comedor social que asiste a 49 personas al día. 4.807 plazas escolares. En el hospital de Torrejón de Ardoz (privatizado) se podrían atender a 38.528 personas. 50. 228 niños y niñas tendrán 3 sobres de alimento terapéutico durante un año con Unicef. La mitad del recorte a cooperación al desarrollo en Andalucía para el 2013. El tratamiento de 2.620 personas al año contra VIH. 2.841 personas cobrando el salario mínimo interprofesional durante todo el año 2013. 4.074 personas cobrando la ayuda de 450€ durante todo un año. 9.116 familias en una vivienda de alquiler social durante un año.

Esto es el equivalente a los 22.000.000 € que se descubre que tiene el tipo de la foto en Suiza. Y encima hay que aguantar el “Estado de la Nación”. Ya hay quien califica estos datos de “demagogia”. Pues ahí va el último: con los 22 millones da para 31.408 contenedores de basura. No tengo claro si son suficientes para recoger todo lo que nos rodea, fruto de este modelo político, económico y mediático tan podrido.

Revolución por compasión.

En estas fechas navideñas muchas personas son más sensibles al dolor ajeno. Resulta que nos acordamos de quienes están pasándolo mal, quienes realmente viven en situación de exclusión y se prodigan las iniciativas de recogida de alimentos, juguetes y enseres. Creo que el sentimiento de compasión que lleva implícita esas actuaciones hace buenas a las personas que las impulsan. Sentir compasión es reconocer que no somos insensibles ante quienes sufren.

Pero resulta que prefiero la solidaridad, que hace propia la situación de las demás. La solidaridad implica que cuando otras personas se enfrentan a una situación o problema, cuentan con aquellas que, sin estar directamente afectadas, se sienten llamadas a luchar para superarlas.

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