Igual éramos felices.

Desde el curso pasado soy alumno de la Facultad de Comunicación de la Universidad de Sevilla. Mucha gente se sorprende porque a estas alturas ande estudiando. Para mí es una necesidad. Después de más 25 años en la Animación Sociocultural y la Educación para la Participación, sentía que necesitaba incorporar contenidos, teorías y abordajes de la realidad que me estimularan. Cuando más experiencia acumulas, más conciencia tienes de lo poco que sabes. Y la comunicación es el fenómeno contemporáneo más influyente en la forma de percibir la realidad.

La verdad es que, no siendo nada fácil hacer compatible trabajo, clases, estudio y vida personal, la experiencia está siendo muy satisfactoria. También es cierto que mis expectativas no son las mismas que las de la gente joven que comparte conmigo aula. No espero que en cada clase, cada asignatura y cada profesor o profesora me aporten las claves prácticas para el ejercicio del periodismo. En primer lugar porque no espero trabajar de periodista y en segundo, porque la Universidad facilita los recursos teóricos para que, de forma particular, puedas conectar un conjunto de elementos que te ayuden en el ejercicio de una disciplina.

Hoy se anunció que no volveremos a las clases presenciales. Así que este curso terminará sin que vuelva a aparecer por la Cartuja. Los chats están que arden. El descontento es generalizado. Creo que en algunos casos hay motivos, aunque son fruto lógico de que la mayoría de estudiantes solo tienen esa actividad. Ninguna institución estaba preparada para lo que estamos viviendo, tampoco en la Universidad. Dar clases de forma telemática a modo de busto parlante no suple la clase presencial. Tampoco es muy estimulante recibir fotocopias de manuales que debes leer y ya está. Está todo demasiado deshilvanado y el profesorado se enfrenta a un reto muy complejo: impartir una materia online de la noche al día.

La verdad que no tengo la solución, pero una cosa es evidente; asistimos a un momento de la historia absolutamente único. Desde el punto de vista informativo el papel de los medios de comunicación está siendo clave, tanto en la proliferación de propaganda o como medio para la información básica; para el chiste o el análisis, para la contienda política o la proliferación del miedo a la muerte, para los datos fríos o el llanto de quien pierde a un ser querido. Y me pregunto: ¿no podemos enfocar nuestros contenidos y aprendizajes hacia lo que está ocurriendo? ¿no podemos construir piezas informativas, análisis de los enfoques que abordan los medios, análisis de discursos desde diferentes miradas, reflexión sobre audiencias, composición y características de los platós e infografías, etc? No tengo la solución, pero tengo la sensación de que estamos desaprovechando la oportunidad de que mucha gente joven mire más allá de la manta de su sofá.

Y es que el otro día, en una videoconferencia de Skype con mi grupo de Producción Periodística, comenté en broma que estaba echando de menos subir las escaleras para una clase de fotoperiodismo. Quién nos iba a decir que pudiéramos echar de menos tantas cosas. Y una compañera comenta como finalización de la conversación: igual éramos felices y no lo sabíamos. En eso consiste el aprendizaje. Estar abierto a que la persona que tienes al lado pueda, mediante el diálogo y la comunicación, aportarte cosas. Estoy convencido que el día que me matriculé no me había equivocado.

Repartir papeles sin perderlos.

Acción de la Red de Apoyo Mutuo de Mairena del Aljarafe. REDAMA.

Es cierto que ahora debemos remar todo el mundo a la vez. Después de parar la pandemia habrá tiempo de sacar conclusiones y aprender de lo vivido. No hablo de las campañas políticas que utilizan las muertes para hacer propaganda, sino de la evaluación rigurosa de cómo se hacen las cosas.

Me preocupa especialmente el papel que cumplimos la ciudadanía en el desarrollo de las medidas dictadas por el estado de alarma. Es claro que el objetivo es común: detener la pandemia, que la gente no se contagie, evitar muertes. Es algo de vida o muerte. Se debe apostar por toda la excepcionalidad posible, cambiar lo necesario, siempre desde la orientación de las personas especialistas, siempre desde el rigor científico.

La pregunta es quiénes hacen qué. La situación de confinamiento ha elevado a la superficie muchas situaciones personales, familiares y de comunidades enteras, que subsistían desde la precariedad y la economía informal e incluso no formaban parte de los datos oficiales. Son quienes están llevándose, otra vez, la peor parte.

Y hay que ofrecer ayuda, hay que paliar en la medida de lo posible el sufrimiento. Quiénes hacen qué. Las organizaciones sociales, los movimientos sociales, las administraciones locales, regionales, estatales, los grupos vecinales, las redes de ayuda mutua, la pequeña carnicería, el supermercado…la sociedad. Es necesario un nuevo reparto de papeles, porque esto no lo sacamos sin la intervención del Estado, pero tampoco sin la intervención de la sociedad civil, sin el papel activo de la ciudadanía organizada, precisamente para que el menor número de personas salgan a la calle y a la vez todas las personas tengan cubiertas sus necesidades.

Pero en este reparo de papeles hay quienes los están perdiendo. Tiempo habrá de analizarlo.

Se fue Marco.

Ayer tuvimos noticia del fallecimiento de Marco Marchioni. De sobra es conocida su contribución al desarrollo comunitario y la intervención social. De sobra es conocido su carisma, su fuerza. Recuerdo que le comenté en Las Palmas tomando un café que si se estaba cuidando. Me mandó al carajo. Nadie mandaba al carajo mejor que Marco, porque el cariño y dulzura de su persona te atravesaba.

Siento que mucha gente del trabajo social o la educación social no han leído con detenimiento a Marco. Planificación y organización de la comunidad, la utopía posible o comunidad, participación y desarrollo, deberían ser de obligado cumplimiento, porque ahora no lo van a poder escuchar. Y esto es algo a lo que no me hago a la idea.

Así que hoy, la mejor manera de homenajear a Marco, en estos momentos de alerta, incertidumbre, pandemia global y crisis civilizatoria, es tener en cuenta algunas de sus más importantes aportaciones, que siendo muchas, yo resumiría en dos.

Politizar la acción comunitaria. El trabajo social es político, es una opción por la creación de modelos alternativos a la explotación y el emerger de sujetos con derechos y dignidad, frente a la caridad; es la relación entre iguales para la mejora de las condiciones de vida, con la escucha como herramienta principal.

El segundo es la coordinación de recursos. Hablaba sobre esto y era casi una obsesión. El desarrollo de espacios de coordinación comunitarios, para que que desde el rol político, técnico y ciudadano, se implementen actuaciones eficaces con las que hacer frente a necesidades definidas desde un diagnóstico compartido.

Ahora, desde las redes ciudadanas, la acción común para frenar el coronavirus, estos dos aspectos son esenciales y se lo debemos en buena parte él. Ya nadie me mandará con tanta ternura. Te echaremos de menos Marco.

Audio desconocido, borrado.

Si alguien me manda un audio, la mayoría de las ocasiones es una persona conocida, reconocida y a veces, también amada. Los audios tienen la característica de la veracidad, no por casualidad una grabación se puede considerar una prueba irrefutable.

Pues resulta que cada vez se cuelan más bulos por los mensajes de audio. El de la supuesta usurpación de mascarillas a Andalucía ha sido uno de ellos. Me parece un material extremadamente frágil, es como si la incredulidad la tuviéramos que mantener incluso en los caso más evidentes. Si alguien te cuenta algo, lo lógico es dar verosimilitud. Ni esas.

No estamos en la época de la postverdad, sino de la mentira despiadada y manipuladora al servicio de intereses de grupos ideológicos, partidistas y económicos, que no contentos con inundarnos de memes, se unen las voces simples y claras al servicio de la tergiversación.

Han conseguido que solo creamos aquello que conecta con nuestra forma de ver el mundo, que los mensajes se hayan convertido en consignas machaconas, en titulares sin contenidos. El medio son los grupos de WhatsApp, que se han convertido en plataformas de distribución de una viralidad que no requiere de grandes inversiones y que está blanqueando el mensaje ultraderechista. Atención a estos movimientos en los momentos que estamos viviendo.

Cuando me llega un audio y la voz no es conocida, borro.

Operación Amancio.

Creo que las redes sociales no son la sociedad. Lo que ahí aparece no siempre tiene que responder a lo que ocurre realmente; confundir una herramienta con la realidad, puede que sea uno de los mayores errores que podamos cometer en este momento.

No voy a negar su importancia (clave) ni su potencial (enorme), para generar procesos de comunicación potentes al servicio de causas diversas. Pero asisto atónito al fenómeno de Amancio Ortega en redes sociales y grupos de WhatsApp (esto último merecerá una reflexión específica).

El anuncio de Inditex de poner al servicio de la salud general sus bases logísticas o fabricar mascarillas, se ha convertido en “Trending Topic”, de lo que se hacen eco algunos medios. Resulta curioso que una noticia que no tiene relevancia en la cobertura de noticias e información sobre el coronavirus (ver pantallazos), se convierta en pocas horas en tema de discusión general, justamente antes de la comparecencia de Felipe VI.

No deja de sorprenderme que un ofrecimiento, que desde luego tiene valor, se convierta en heroicidad; me pregunto qué hubiera pasado si el gobierno se hubiera adelantado y hubiera confiscado esos recursos necesarios para ponerlos al servicio del bien común. Pero es que además, se utiliza la figura de Amancio Ortega para contraponerla frente a una supuesta izquierda y Estado inoperante.

Operación Amancio. Ya nos olvidamos de los aplausos a las 20:00, de la clase obrera dándolo todo, de los menús de Madrid, de la monarquía corrupta, de los esfuerzos colectivos, del codo con codo, de los vídeos de gente que se ayuda, de las redes de cuidados, de quienes están sufriendo. Menos mal que España tiene a Amancio.

Imágenes y propaganda.

En estas horas están circulando todo tipo de imágenes relacionadas con el confinamiento, el estado de alerta y el plan de choque para parar el COVID-19. Dependiendo del medio, de la red social o de quienes tengas en los grupos de WhatsApp, pueden oscilar entre vecindad con guasa, calles desiertas y homenaje al personal sanitario.

Pocas veremos de las personas sin hogar, de los despidos, de la soledad, de quienes están ya sufriendo de manera desigual las consecuencias. Porque el virus es transversal, pero sus efectos no. Yo me quedo con esta de elPeriódico. Quienes no pueden hacer efectivo el confinamiento.

Foro de elPeriódico. Luis Benavides. Barcelona – Lunes, 16/03/2020 – 17:14

Me da la sensación de que en los próximos días viviremos una oleada de imágenes. Algunas de ellas serán mera propaganda, como me recordaba hoy una amigo que trabaja con personas sin hogar. Dicen que se hacen cosas que en la práctica no se están materializando. Pero queda mucho: militares, fuerzas de seguridad, banderas, himno. Porque por ahora, las retinas están llenas de clase trabajadora dando el callo, gente de barrio montando redes de apoyo y de cuidados. Una marea pidiendo un plan de choque social frente al coronavirus, clase obrera parando fábricas.

Prestaremos atención. Ahora toca arrimar el codo, sumar lo que podamos, no perder el espíritu crítico y frenar la demagogia y el oportunismo.

Retomando. Desde cero y confinadas.

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Después de tres años retomo este blog. Han pasado muchas cosas en todo este tiempo; personas queridas que ya no me acompañan, cambios de rumbo profesional, momentos de entrañables recuerdos y otros muy dolorosos. Lo que viene siendo vivir.

Pero estamos en alerta por el COVID-19. Anoche el Gobierno decretó el Estado de Alerta y desde unos días antes, toda la rutina y vida cotidiana se ha transformado. Retomo este espacio para poder escribir con más tranquilidad, sin estar permanentemente leyendo y respondiendo a diversas informaciones de las redes sociales. Retomo el blog como si fuera desde cero, como ejercicio de reflexión y comunicación.

Acompañaré las entradas con un diario-resumen de cada día. Espero que podamos compartir, desde el respeto y la pluralidad, puntos de vista y experiencias. También lecturas de lo que vaya ocurriendo. ¡Salud!

Aniversario con causas.

carnetprisionMañana sábado 25 de febrero se cumplen 20 años desde mi ingreso en la prisión Sevilla 1, para cumplir la pena impuesta por INSUMISIÓN  de 2 años, 4 meses y 1 día. Mañana hace 20 años, pero los motivos para que en su momento tomara esta decisión, en el marco de una estrategia colectiva de desobediencia civil siguen intactas. Es cierto que no existe servicio militar obligatorio, pero reducir la lucha antimilitarista a la “mili” es un enorme error. El presupuesto en armamento sigue creciendo, los conflictos y guerras siguen asolando países y cercenando vidas, la industria armamentística sigue siendo poderosa y las injusticias siguen acrecentándose fuera y dentro de nuestras fronteras. Vivimos tiempos donde se produce una militarización constante de la vida civil, tanto en el plano laboral como el social y los valores de cooperación, igualdad y conciencia crítica no son precisamente mayoritarios. Siguen existiendo motivos para la insumisión.

En el plano personal, la experiencia en prisión fue realmente dura, pagando con la libertad un planteamiento ético-político, pero donde mi entorno familiar y de amistades tuvieron que redoblarse para sostenerme, para hacer que cada día se fuera superando y que la soledad tuviera sentido una vez que los medios de comunicación y la campaña política quedaban en un segundo plano. Son a ellas a quienes hoy debo dar las gracias, porque ese tránsito no hubiera sido posible sin el apoyo incondicional que recibí de familiares, gente amiga y activistas por la paz; gentes del MOC, Mujeres de Negro,  de la CGT y de tantas organizaciones y colectivos que nos estuvieron arropando en aquellos momentos. Fue un periodo duro pero lleno de aprendizajes, un momento que ha marcado mi vida.

Es la insumisión un movimiento único que no ocupa el lugar que se merece. Parece que nada ocurrió entre las carreras delante de los grises y el 15M, pero protagonizamos uno de los movimientos de desobediencia civil organizada más numerosos de la historia. También queda mucho todavía por sacar a la luz sobre el papel de las mujeres en el movimiento antimilitarista. Ellas jugaron y juegan un papel clave, fundamental, en el desarrollo de la estrategia, en la teorización y la práctica antipatriarcal de la insumisión, aunque el foco estaba siempre fijo sobre nosotros. Los aprendizajes que adquirimos en aquellos momentos gracias a la participación de las mujeres feministas y antimilitaristas fueron enormes.

Por eso hoy, 20 años después, creo que siguen existiendo causas para sentirme insumiso, antimilitarista. Hoy perdura la violencia y la guerra; de género, la represión cotidiana, cercana, los pasos atrás en libertad de expresión; pero también global, acrecentándose los conflictos, la muerte y el dolor. Este aniversario tiene hoy muchas causas. Por otros 20 años más de insumisión.

OTRAS LETRAS.

Soy de un barrio de provincias, de un lugar donde creímos que las cosas estaban cambiando, donde nos movíamos a ritmo del garaje y donde crecimos yendo a nuestro rompeolas cotidiano. La mezcla era una constante, no había tanta segregación entre tribus urbanas como en las grandes capitales, pues moríamos con el rock and roll más clásico imitando a John Milner, a la vez que Ramones y The Clash formaban parte de nuestra banda sonora. Nunca tuve -ni tuvimos- síndrome “Quadrophenia”, entre otras cosas porque el rollo “sixtie” nos gustaba una barbaridad y porque era imposible odiar a nuestros amigos “mods”, pues consumían cosas muy divertidas. Quien ha vivido eso sabe a lo que me refiero. He seguido y respetado la trayectoria de Loquillo desde adolescente; unas cosas me han conectado más que otras. El sonido de “No Surf” me acompañaba en las noches de encarcelamiento ahora hace 20 años por insumisión y he sentido a muchos “Compañeros de Viaje” a mi lado. No soy alguien ajeno a su música, mis “Hermanos de Sangre” lo saben. Mi hija y su pareja me han regalado por reyes el concierto del pasado 24 de septiembre de 2016 en Las Ventas.

Mucha gente desconoce que la primera canción censurada de la democracia fue “Los Ojos Vendados”, denunciando la tortura, ni que “La Mala Reputación” desempolvó para muchas la canción libertaria francesa; “Piratas” y “Siempre Libre” fueron cantos a la libertad, por no hablar de la apuesta de “Mujeres en pie de Guerra” alrededor de la memoria histórica de las perdedoras, incluyendo “Antes de la lluvia”, “El año que mataron a Salvador” o “Viva Durruti”. En cada una de ellas, las letras son fundamentales para hacer llegar el mensaje. La adaptación de Johnny Cash “El hombre de Negro” así lo atestigua. En la mayoría de los casos, son frases directas, sin posibilidad de interpretación…y eso siempre me gustó. El carácter ideológico es innegable, porque el rock también es eso, mensaje.

Creo en la libertad de expresión de todas todas, sin cortapisas. Por eso, la misma libertad de expresión que permite que se siga tocando en los escenarios, después de un tiempo en la nevera, la canción “La mataré”, me asiste para expresar lo que siento cuando la vuelvo a escuchar en los conciertos. Antes que nada decir que no estoy de acuerdo en quienes minimizan el sentido de la letra de la mencionada canción. Se dice lo que se dice, no hay posibles dobles o triples interpretaciones. Cuando escucho la letra, primero siento, como dice mi amigo Hilario Sáez, vergüenza de género; después la identificación con el protagonista es imposible, solo siento violencia y agresión, porque dolor, lo que se dice dolor, se expresa más en el apoteósico final de “Cadillac Solitario”. Decir las frases que se dicen en esa canción me llega a producir tal grado de incomodidad que no me permite disfrutar del momento, pero donde ya me siento totalmente alejado es cuando se corea por todo el mundo: ¡¡la mataré!! Me es difícil soportarlo. Porque me parece grave, porque no lo puedo defender desde ninguna de las formas. Es rock, pero no es lo mismo gritar “¡Y no estás tú!” que “¡La mataré!”, lo mires por donde lo mires. Sobre todo si estás mínimamente comprometido con la igualdad entre hombres y mujeres.

Pero me pregunto porqué hay tantas personas que no les pasa lo mismo, me pregunto porqué si defiendo esta postura me convierto en un políticamente correcto que no aguanta las expresiones artísticas a contracorriente,  en un contexto donde lo “políticamente incorrecto” se está convirtiendo en un modo de introducir los valores conservadores y reaccionarios más retrógrados. Pero por encima de todas las cosas, me siento solo. Encuentro pocas complicidades masculinas, aunque sea solo para manifestar un cuestionamiento o debate sobre el asunto. Lo que recibo es que “jodo la marrana”, que me alineo con “feminazis” o que me posiciono contra la libertad de expresión. Recuerdo un concierto en Málaga donde la gente coreaba ¡La mataré! ¡La mataré! Y el Loco respondió…”prefiero como trata a las mujeres mi amigo Pepe Risi…esto es qué hace una chica como tú en un lugar como éste”. Ahí me sentía cómplice, ahí había heterodoxia. Hoy me gustaría que la respuesta pudiera ser “Territorios Libres”. Pero es solo un deseo, la libre expresión de un doble deseo. Que suene esa canción mientras, en algún lugar, un hombre que sienta deseos de matar por creer que una mujer es de su posesión y ya no puede estar con ella, se deje de navajas y busque a algún amigo con quien compartir sus emociones, que supere la idea de conmigo o con nadie. Un deseo por la memoria de quienes no están. Se lo debemos. Un deseo. Otras letras.

Echando de menos.

juanilloHoy no me ha comentado la marcha de mi equipo de fútbol. Hoy no me ha escrito para pedirme opinión sobre una idea. Hoy no me ha preguntado sobre tal y cual dinámica. Hoy no he recibido su correo electrónico con las actividades de Navidad. Hoy no hay una reunión de ninguna plataforma. Hoy nadie me ha recordado que hay que distribuir las conclusiones del Encuentro de Educación para la Participación. Hoy no me ha recordado que nuestra fidelidad está con quienes más sufren. Hoy no me han mandado una foto evocadora. Hoy no me han compartido la necesidad de ayudar a los nuestros estén donde estén, fuera o dentro de las instituciones. Hoy no me ha recordado la importancia de la pluralidad y la heterodoxia. Hoy no me han dicho hasta el cansancio que hay que confiar en la gente joven. Hoy no me ha insistido en la conexión entre arte y acción social. Hoy no escuché su risa y su sentirse andaluz.

Hoy, como desde el pasado día 25 de octubre, no está con nosotros y nosotras nuestro amigo Juanillo. Y es que se le echa mucho de menos.